lunes, 11 de julio de 2016

nada

sécame las lágrimas y abraza mi miedo,
grita mi nombre al viento, que quede volando en el silencio,
hay veces que pienso que estoy perdiendo la razón,
que quien habla no soy yo si no mi demonio interior, desgarrando los recuerdos del amor,
transformando la sonrisa en despersonalización,
destruyendo las raices, potenciando cicatrices,
quiero a los míos siendo libres,
quiero que el vello se nos erice,
sin necesidad de drogas ni deslices...

la sangre brilla en los nudillos,
de estampar contra la pared la rabia que me diste,
yo siempre estuve loca, pero nunca desquiciada,
dime que me hiciste para que no vuelvan a herirme...

por mucho que sueñe con irme,
si me tiro por la ventana no me salen alas,
y acabo estampada,
contra el suelo,
demacrada,
la niña de mis ojos encerrada en una sala,
dónde se escucha el latido de su miedo y sus lágrimas amargas.

he corrido sin sentido y me he perdido,
escapando a un rumbo que jamás he conocido,
quizás buscaba donde plantar mi bandera y abrazar por fin tranquila la botella.

no hay razon que valga, no me creo las palabras,
son las caricias las que hablan,
las que dicen: quédate - o - no vuelvas Ana.

llevo demasiado rota y sin arreglo,
no hay neurólogo en el mundo que entienda mi cerebro,
abréme en canal si es lo que quieres,
no encontrarás más que gritos y serpientes.

si al final llego a mañana,
espero despertarme y verte junto a mi en la cama,
con la brisa acariando nuestra espalda,
tus manos rozando mi cara...
destrozando mis entrañas mirando tus pupilas dilatadas,
que me gritan con la luz de la mañana: ayúdame.

pero que no pase nada,
solo quiero...
que no pase nada.


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