lunes, 28 de diciembre de 2015
a veces...
y me escondo entre mis sábanas a ver si el calor me arropa.
a veces, cuando nadie me mira,
estornudo sin taparme,
y sorbo los mocos sin miedo a asquear a nadie.
a veces, tengo miedo de la oscuridad,
y dejo encendida la luz de la mesita de noche como para asustar a los mosntruos que vengan a por mi.
a veces, me asusta el silencio,
y me encuentro intentando dormir con musica de fondo,
para intentar pensar que no estoy sola,
y el sonido,
me acompaña.
a veces, lloro,
sin ahogar el llanto,
pero solo cuando estoy sola,
y grito,
con desesperación,
me ahogo,
y sale de mis cuerdas vocales un sonido de dolor tan sincero que mi gato,
maúlla,
bajito,
como para no molestarme pero uniéndose al llanto,
como si viera dentro de mi y le asustara provocar a lo que ve.
a veces,
cuando tengo mucho calor,
me desnudo y me tumbo en el suelo,
y siento como cada parte de mi cuerpo se enfría,
de repente,
y pienso como será encontrarme un día,
muerta,
con todo el cuerpo helado,
y si alguien vendrá,
a buscarme.
a veces, no sueño con viajar,
si no con escapar,
y esconderme como se esconden los animales salvajes de los humanos,
en algún lugar remoto,
hasta que me doy cuenta de que no escapo de nadie, ni de nada,
si no de mi misma,
y allá donde vaya me encontraré conmigo,
mirándome en cada espejo,
reprochando cada defecto,
cada cosa que quise y no hice.
a veces, todavía echo de menos que alguien me abrace por las noches,
y que a mitad de madrugada se despierte,
para follarme,
y luego me susurre que me ama,
aunque sea mentira
aunque detrás de ese amor todo lo que haya sea tétrico.
a veces, cuando camino hacia un rumbo fijo,
me vienen de golpe olores que extraño,
y me pregunto si esas personas seguirán llevando el mismo perfume.
a veces, aún puedo escribir,
y me sorprendo leyendo lo que en cinco minutos sale de mi,
como si vomitara,
como si en realidad todo lo que intento esconder a los demás no sirviera de nada,
ya que yo sé lo que pasa,
lo que me preocupa,
y lo que duele,
pero a veces,
solo a veces,
necesito escribir en algún cuaderno olvidado,
para luego perderlo entre montañas de papeles,
y fingir así,
que mi dolor no existe.
y a veces,
solo a veces,
todavía puedo ser libre de mi misma...
domingo, 18 de octubre de 2015
bajo cero
Con la paciencia de un sordo que desliza sus dedos con cuidado, aprovechando la vista para ver si así puede oírme suspirar. Aunque sea un instante. Aunque sea una vida.
Con la paciencia de un ciego que llora por que no puede verte, escuchando el roce de sus dedos con la ropa, escuchando como choca contra el suelo.
Me rozo, me acaricio, de nuevo pienso en el ciego, que no puede mirarme, solo imaginarme.
Hoy es una noche de amor abandonado, inquieto por que quiere dejarse adoptar.
Noto mis lágrimas casi llegando a mis pezones, uno de los pocos lugares que esta noche no están tristes.
Me relajo por fin.
Parece que hoy hago tarde.
Autobuses que pasan para arroparme.
quiero volver a mi madre.
domingo, 4 de octubre de 2015
la nada y el no
El día que descubrí que mi madre tenía cáncer y que "la chica en la ventana" era mi cuadro favorito.
Supongo que todos tenemos días mejores y peores en nuestras vidas, que con frecuencia tendemos a recordar, en ocasiones a sabiendas de que nos hará daño o que por lo contrario, nos ayudaran a sonreír.
Hoy me acordé de algo muy concreto, de un día de esos que jamás se olvidan, de los que nunca te hacen sonreír. Supongo que llevo algunas semanas en las que todos los recuerdos de mi infancia me golpean con tanta fuerza que parece mentira que hayan pasado hace tanto tiempo. Tenía 11 años.
El día del que hoy estoy hablando hacía un frío tremendo. Estaba cerca de llegar la navidad, lo recuerdo por qué tenía esa ilusión tan bonita que te mantiene el corazón bien calentito. Por qué olía a chocolate caliente por la calle y también a castañas asadas, era invierno y lo notaban mis huesos y mi nariz. Era invierno porqué para cenar tenía sopa de letras y para dormir me tapaba con la manta hasta el cuello, no queriendo salir de la cama por la mañana.
Ese día era Viernes, y como todos los viernes mi abuela me llevaba al centro de Valencia en autobús, el 19, sobre las seis de la tarde, a dar una vuelta y a la librería París, situada en la plaza de la virgen, una de las más bonitas de Valencia, escogía el libro que mas me gustaba y después siempre íbamos a la misma cafetería, en ella yo abría el libro y empezaba a leerlo, y mi abuela siempre se quedaba mirándome o acariciándome el pelo, si hacia frío pedíamos un chocolate caliente y si por lo contrario, era verano, nos dejábamos llenar el estómago con un delicioso helado artesanal. Esa era mi rutina desde pequeña todos los viernes, y aún hoy, 11 años después, sigo queriendo volver a esos momentos que como he dicho antes, te mantenían el corazón muy calentito.
Pero nadie me avisó de que aquel día iba a ser diferente, supongo que nadie te avisa de cuando las cosas pueden cambiar drásticamente, de como el mundo puede darte un batacazo cuando ni siquiera sabes lo que es la vida y a que te estás enfrentando viviendo. Pero, como sabría después, la vida me estaba preparando un montón de escalones de este tipo, que finalmente me convertirían en la persona que soy hoy.
El libro que elegí ese Viernes de Diciembre era "Los pilares de la tierra" de Ken Follett, lo recuerdo tan bien por qué era tan pesado que casi no podía mantenerlo en las manos. Lo puse sobre la mesa de la cafetería y empecé a leer con mi abuela removiéndome el chocolate. Me encantaba todo de los viernes, el sonido de la radio de la cafetería, el olor de la ropa de mi abuela a colonia y el olor de sus manos a polvos de talco, el sonido chirriante de la puerta al cerrarse, la voz grave del camarero, era todo un conjunto de detalles que siempre me pareció maravilloso, así como el conjunto de cuadros que rodeaban todas las mesas. No recuerdo el día que elegimos ese sitio, pero si recuerdo como un día queriendo volver para recordar viejos tiempos vi que la crisis lo había hecho desaparecer y que ahora su sitio pertenecía a la conocida cadena de Cafés Valiente.
De repente, aun enfrascada en mi nueva adquisición, escuché ese chirrido de la puerta, y a continuación vi entrar a mi abuelo por ella, tenía la cara tan blanca y los ojos tan rojos que inocentemente me recuerdo pensando que debía de hacer muchísimo frío fuera. Os definiré un poco a mi abuelo para poneros en situación. Mi abuelo siempre ha sido una persona peculiar, con una personalidad increíblemente extraña para alguien de su edad, un bohemio pintor, y un apasionado de la escritura y la tecnología. Por aquel entones, aunque había pocos, mi abuelo ya poseía un teléfono móvil, seguramente el mas moderno de la época. Mi abuelo siempre fue una persona con una sensibilidad especial pero no para evaluar el momento y que se debe decir o callar delante de una niña de 11 años. Mi abuelo siempre nos dejaba a mi abuela y a mi solas en nuestros viernes, pero siempre sabía donde estábamos, pero no recuerdo ningún otro día que viniera a visitarnos o a ver que estábamos haciendo, solo ese, un frío día de diciembre.
Yo me quede quieta, con mis piernas colgando de la silla. Ese día llevaba unas botas negras, una medias grises y un vestido rojo oscuro de Charanga. Mi abuela se levanto de un salto de la silla al ver a mi abuelo entrar a trompicones, en ese momento supe que pasaba algo, supe que mi abuelo venía así por algo, y un instinto me hizo coger la bufanda que tenía colgada en la silla, algo me decía que tendría que salir corriendo.
-Acabadellamarlaniñadelmed
En un momento que no sabría identificar, alguien me cogió en brazos y me llevó a una salita lejos de mi familia, hoy por hoy estoy convencida de que era el despacho del jefe de la cafetería. Me sentó en una silla de cuero negro enorme enfrente de un escritorio que daba a la pared, estuve ahí durante mucho tiempo (o eso me pareció), pero de repente me dio por levantar la vista y allí me encontré un cuadro de tonos azules y marrones, cálido, con una chica mirando por una ventana que daba al mar, no puedo explicar lo que fue eso para mi, solo que me quede durante todo el tiempo restante mirando ese cuadro, pensando en como sería estar en ese momento en la situación de aquella chica, mirando al mar, casi podía oler la brisa mezclada con la sal, podía sentir el fresco, me trasladé muy lejos en aquel momento, se me encogió el corazón y empecé a llorar, de repente salí del shock, preguntándome que era lo que estaba pasando, salí corriendo, como perdida, para reunirme de nuevo con mis abuelos, pero no podía quitarme de la cabeza aquel cuadro. Aquella chica en la que quería convertirme en aquel momento. La muchacha en la ventana.
Todavía recuerdo todos aquellos sentimientos con la capacidad de volver atrás en el tiempo y sentirme como aquella niña que de repente dejo de crecer a un ritmo normal. Alguien que con 11 años se convirtió en mujer.
Todos los días doy gracias a la gente que curó a mi madre por hacer que hoy por hoy (aunque realmente enferma) siga manteniéndose a mi lado. Por qué no puedo imaginar que habría sido de mi adolescencia sin ella a mi lado, tapándome por las noches, dándome grandes consejos (que por supesto no obedecí) y enseñándome que al final el amor puede ser lo más maravilloso de todo.
Hubo una gran cantidad de momentos horribles en mi vida desde los 11 a los 18 años, en los que quise tirar la toalla, en los que pensé mas de una vez en desaparecer e incluso en los que estuve a punto de perderme para siempre. Pero sin embargo aquí estoy, asomándome a la ventana o escapándome al mar cuando todavía resurgen aquellos sentimientos que me hacen tener ganas de correr. Y con algunas personas, todavía a mi lado, que hicieron toda esa época mas fácil.
El día que me independicé y me fui a vivir a Madrid, supe que el mar estaba demasiado lejos. Fue al principio de llegar a aquella gran ciudad cuando mis padres me sorprendieron con una sorpresa. Querían regalarme el cuadro de Dalí, "Muchacha en la ventana". Siempre aciertan con sus regalos, como la maleta que me regalaron con 14 años con el mensaje claro de que sabían que no acabaría en Valencia, que mi destino estaba lejos de allí. Supongo que al final mis padres son aquellos que siempre han tenido claro quien y como soy.
Casi todas las mañanas me perdía aunque fueran diez minutos en los colores de Dalí, lo tenía enfrente de la cama, y para muchos sera algo que no tenga gran importancia, un mal recuerdo, algo que otras personas querrían olvidar. Pero a mi me recordaba todos los días todo lo que he pasado en mi vida para llegar a ser quien soy, todos mis errores y aciertos, muchos momentos bonitos y horribles, tantas lágrimas que podrían llenar el mar que mira la muchacha, pero sobretodo me recuerda el mensaje que durante años he tardado en asimilar, la importancia del amor.
Y aunque yo no me quiero nada, lucho cada día por conseguir que ese sentimiento cambié, sabiendo que llegara el momento el que mire el cuadro de Dalí que en su momento me hizo perderme durante largos minutos y me sentiré tranquila, oliendo el mar desde Madrid o dónde sea que me encuentre, haya o no mar, en mi propia marisma, sabiendo que los malos momentos pasan, vuelven, te recuperan y te forman, y que por muy lejos que pueda llegar a estar de sentirme bien siempre habrá algo que me acompañara, el amor que siempre tengo ganas de dar a la poca gente que me importa, a la poca gente que me cuida y me intenta enseñar lo bonita que puede ser la llama del mechero al encender el cigarro o la rama de un árbol que cae al suelo tras ser atacado por un rayo.
domingo, 20 de septiembre de 2015
01.10
cuando llega la ola no tengo miedo. dejo que me cubra e imagino por un instante lo bonito que sería ahogarme mientras veo como el mar se revuelve a mi alrededor
-o en mi estómago-
me gusta creer que soy un lobo cuando me quito los zapatos en medio de cualquier tierra y siento como los dedos de mis pies se van quedando fríos y rígidos, como si paso mas de cinco minutos con los pies hundidos aparecen los gusanos para darme la bienvenida y agradecerme que haya vuelto.
no suelo tener miedo a la oscuridad en espacios abiertos, pero si en la cama que me vio llorar y follar por primera vez.
cuando me atraganto al llorar noto como sube lo amargo del vomito y lo retengo para no volver a abrazar al fantasma bulimico que quiere llevarme al otro lado con él.
me duele la espalda de curvarme en la cama entre el placer de mis dedos. de levantar demasiado el trasero al no poderme contener.
cuando me escuece la nariz se que ha sido una noche larga, y cuando me lloran los ojos se que acaba de empezar.
los ciervos me esperan en la esplanada de mi pueblo y me miran con curiosidad estropear su camino. se asustan si me muevo muy rapido por si saco un arma.
la luna me observa por las noches dar las ultimas caladas y bajar la vista antes de cerrar la ventana.
me gusta abrir la mosquitera y dejar que corra el aire por mi cuerpo desnudo, acariciar con cuidado mis pezones y hacer círculos alrededor del ombligo. a veces toco donde pega el aire, simulando una caricia que no tengo.
me imagino unos labios abrazando mi entrepierna, y un dedo apretando mi columna. y suspiro muy lento dejando que el sonido llene las cuatro paredes que me encierran.
afilo mis cuchillos y los imagino en mi pecho. los guardo con cuidado para no cortarme por error.
soy mia aunque siempre me hicieron pensar que era de alguien, y es el espejo el que siempre intenta darme la razón.
cierro los ojos y no veo a nadie. quizás mi cerebro quiere hacerme sentir que esta noche solo estoy yo.
mi vida me pesa, y la luz me ciega.
y al final todo lo que tengo es
un cigarro
un ronquido de mi padre
y de fondo los acordes de una triste -pero bonita- canción.
amor, dolor y muerte.
No te quise matar por ser veloz,
audaz,
estúpido,
o
benevolente, te quise matar por ser simplemente, un humano.
Por volar en avión sin llevar equipaje, por violar la atención de mis pesadillas, por correr por la calle huyendo de la policía, por robar para pagar el alquiler, por enseñarme las nubes aunque todo estuviera despejado, por enseñarme a odiar.
Nunca fuimos uno por que era demasiado. Rescatábamos los recuerdos que un día lanzamos al mar y ya eran náufragos, llamamos a esos días con nombres de filósofos que se habían suicidado y miramos las olas sabiendo que nunca seríamos el ave salvaje que se lanzaba al mar a pescar, en este caso, nuestras vivencias.
Tenía que matarte, imaginé mil veces el cuchillo traspasando tu piel, todo llenándose de sangre,
chorreando,
el suelo brilla,
te reflejas,
huele a hierro,
a mar salado,
a gasolina,
a hierbas muertas calcinadas,
huele como a tiempo,
distancia,
carretera recién asfaltada,
con esa sensación al principio de que algo cuesta, no entra a la primera, tienes que esperar, es como que la piel se resiste, lucha por contener el refugio del metal,
el dolor,
la tragedia.
Te hablo de un segundo y lo sabes, por qué tu también has rajado.
Clavar un cuchillo con miedo es parecido a cuando te dan por el culo, cuesta mucho al principio pero de repente te gusta,
sientes como entra,
-SUSPIRO, DOLOR, CONTRACCIÓN, GUSTO-
como la sensación es cada vez más placentera y dolorosa, como se desliza, como notas que la polla casi forma parte de la parte baja de tu espalda.
Y de repente gozas. Mezclas el miedo con el placer, la embestida con el arañazo, la sonrisa con la lágrima, la pasión con el asco, la verdad con la esperanza, el orgasmo con el olor del sudor en las sábanas que se mueven por abajo.
Pero gozas, rozas el cielo, el limite entre el amor, la pasión, el odio y el recuerdo. El perdón.
Por eso pensé en rajarte, para disfrutar del momento tan bonito que podía ser pensar en darte por el culo como tú me habías dado desde que cruzamos por primera vez nuestras miradas.
Pero al final te metí un tiro,
por que a ti siempre te gusto meterte,
y quería que la bala se colara en tu garganta como un día se colo mi nombre,
y murieras rápido,
como nuestra historia.
sábado, 19 de septiembre de 2015
el superpoder de olvidar.
lunes, 31 de agosto de 2015
la llegada del invierno
cuando me congelo me abrazo, como con miedo a perderme como perdí a tantos, me descubro rezando a veces sin darme cuenta, y eso que ya hace años que deje de creer en todo para pasar a creer en nada, en la nada de lo que un día fuimos cada uno de nosotros, que nos contempla y nos habla desde las nubes grises que hoy se ciñen sobre la ciudad, parece que el 31 de agosto se ríe de nosotros dejándonos la lluvia, nos deja ver que llega el invierno -por fin- y que no podemos deshacernos de él aunque queramos.
llegan las temporadas de atardeceres tempranos, de olor a leche y café caliente por toda la cocina, de secarse las botas antes de entrar en casa, de pies congelados que se estremecen ante una tela cálida, de caricias que parecen más hermosas simplemente por qué el invierno las hace mas necesarias, cuando el sudor de una noche de sexo se convierte en sudor frío con ese pequeño hilo de aire fresco que se cuela en los pulmones y hace que te duela respirar confundiendo la helada con la ansiedad.
llega el invierno y tú y yo nos hemos ido, y todavía nos recuerdo corriendo a resguardarnos, hablando de cuadernos mojados por la lluvia, como las luces de las calles se reflejaban en la poca piel que mostraba nuestro cuerpo, ¿me sentiré sola este invierno? ¿o contemplaré como caen los copos sin miedo -o quizás con deseo- de que me inunden?
el invierno es tan bonito por qué nos pone tristes, y la tristeza saca de nosotros lo mejor que tenemos que al mismo tiempo es lo más doloroso, pero si el dolor no es bonito, ¿entonces qué es la belleza? ¿el reflejo de una cara perfecta por el maquillaje o el rastro de un rímel que se corre por nuestras pestañas?
yo quiero que este invierno duela, como todos, solo eso puede despertarme, solo eso puede hacerme sonreír.
viernes, 28 de agosto de 2015
¿debería hablar de mi o sería demasiado intimo?
cuando hace aire me pierdo, quizás con la esperanza de que una ráfaga me lleve.
a veces pienso que la lucha que me une a los demás es la del desprecio. nos escucho hablando del odio que nos representa, de los golpes que hemos dado o hemos soñado con dar.
las caricias no se me acumulan, me encuentro en medio de las noches acariciando mi piel y pensando que es suave, casi escucho el susurro de una voz que no existe que me dice que va a quedarse para hacerme las noches más largas aunque en el fondo acaben siendo mas cortas.
me rodeo de gente -muy poca- que me inspira, todos ellos me estremecen y en algún momento pienso que me gustaría darles un beso, por que yo quiero poco, pero cuando lo hago se me juntan en el pecho todas las ganas que nunca tuve, y necesito refugiarme en los brazos de un loco o en el cuello de una mujer desquiciada por el daño que le hicieron los hombres, esos que dicen que crearon el mundo que ahora unos pocos -o quizás muchos, pero no suficientes- queremos destruir.
me gusta caminar sin rumbo fijo y quedarme diez minutos pensando en lo bonitas que son las raices de un árbol que sobresalen de la tierra, quieren escapar, como la puta del anuncio que sale en la televisión, a la que exponen para que denuncie su situación y luego llevan con el Mercedes al barrio donde cada noche abre las piernas con un hombre diferente y no por placer.
me despierto por las noches por que sueño con espejos que reflejan lo peor que hay en mi, y me termino fumando un cigarro en la ventana por que para mi asomarme es como ver el abismo que me a rodeado durante años, el mismo barrio, los mismos coches, la misma carcel, me imagino saltando, viendo como arde el locutorio de abajo y nos toca aprender a vivir en otro sitio, obligados a cambiar.
sueño con la desidia, con el desconsuelo, con las ganas de vivir y de morir que discuten a arañazos por ver quien tiene más fuerza.
y siempre me vuelvo a la cama, abrazo a la suerte que es la hermana de la muerte y cierro los ojos muy fuerte mientras aprieto los dientes y pienso ¿será hoy la ultima noche o me tocara volver a levantarme?
el sol me despierta, no hay nadie en la cama, me abrazo muy fuerte y me dan ganas de gritar ¡ven a por mi! y me refiero a mi misma, solo yo puedo salvarme, solo yo puedo salir de aquí.
lunes, 10 de agosto de 2015
asi en el cielo como en la tierra
Las nubes se reúnen sobre el tejado y desatan la lluvia. La ciudad huele a muerte, los lobos y las zorras corren por las calles para aislarse de la lluvia, no sea que los purifique y les convierta en pájaros que pueden echar a volar, tienen tanto miedo a ser libres...
Se escucha el sonido de la lluvia chocando contra el suelo, el derrape de un coche que acaba medio estampado contra una farola.
Salen los muertos de las alcantarillas y abrazan a los vivos para llevarlos con ellos, prometen que la vida bajo las alcantarillas es mucho mejor, pueden hacer lo que quieran, nadie les vigila, nadie quiere hacerles daño, prometen que huele mas a cloaca en la superficie que ahí dentro.
Bailan los muertos con los vivos y les acarician la piel tersa añorando por un momento lo que un día fueron. Algunos preguntan si dios no les abrió la puerta del cielo, los putrefactos se ríen como quien ve la comedia que echan a las 10.
-Dios se reunió con nosotros en el cielo, con cada uno de los que estamos ahí, nos hizo subir hasta allí arriba, atravesar las nubes y las tormentas y una vez llegamos a la escalera que indicaba el camino al paraiso nos tiro de nuevo hacia el suelo mientras reía al escuchar el sonido de nuestros huesos al estamparse contra el asfalto. Nos presento las cloacas y nos dijo que como buenas ratas ahí debíamos permanecer.
Todos los humanos los miraban aterrorizados, se cogían de las manos las parejas mas estables, los niños con sus padres, el vagabundo al árbol mas cercano...
-Tenéis que venir con nosotros a la cloaca, vivir lejos de esto, dejar de ser lobos y zorras asustadas con miedo a que los cacen, con miedo a ser ellos mismos, tenéis que comprender que dios es el diablo, solo entonces seréis pájaros, solo entonces volareis... Aunque sea bajo suelo, aunque no podais volver...
sábado, 8 de agosto de 2015
comienzos
nos movemos de forma calculada, haciendo pensar que realmente lo que ocurre es todo por casualidad, pero medimos al milímetro cada uno de nuestros sentimientos no sea que nos dé por disfrutar, para el animal salvaje el disfrute es un peligro, exponerse sin cuidado ante el cazador que le observa desde la maleza esperando el despiste del tosco y enorme animal que se entretiene con el olor de un árbol recién mojado por la lluvia.
somos seres derrotados por la caricia del desalmado que decidió enseñarnos a amar, que nos educó ante una idea de libertad que ni siquiera existe, un amor que no tiene nombre ni posibilidad y una esperanza vaga que no se quiere levantar. nos encontramos con todas esas enseñanzas buscando algo que ni siquiera existe, luchando por una verdad forjada a través de una mentira, con una pieza de un rompecabezas que nos han explicado miles de veces como poner pero que nunca somos capaces de encajar.
somos el cristal roto que cae al suelo y nos incita a que nos volvamos a rajar. la realidad difusa de un domingo en el que no puedes ir al mar. un cúmulo de errores que se suceden una y otra vez, tropieza mil veces y aprenderás, dicen esos malditos cabrones que se llenan la boca con el saber y el poder y la realización personal. pero -por fin-, a diferencia de los salvajes, nos encontramos repitiendo el error y hasta disfrutando de ello para tener así algo que contar.
¿cuál fue tu mayor error? ¿eres de los que habla desde la experiencia creyendo que por haber vivido una situación solo tu resolución es la correcta?
¿o eres de los que piensa que con una uña se puede hacer un grabado y con el roce se pueden conquistar territorios que jamás se dejarían conquistar por una bandera?
¿o...?
