domingo, 20 de septiembre de 2015

01.10

cuando llega la ola no tengo miedo. dejo que me cubra e imagino por un instante lo bonito que sería ahogarme mientras veo como el mar se revuelve a mi alrededor

-o en mi estómago-

me gusta creer que soy un lobo cuando me quito los zapatos en medio de cualquier tierra y siento como los dedos de mis pies se van quedando fríos y rígidos, como si paso mas de cinco minutos con los pies hundidos aparecen los gusanos para darme la bienvenida y agradecerme que haya vuelto.

no suelo tener miedo a la oscuridad en espacios abiertos, pero si en la cama que me vio llorar y follar por primera vez.

cuando me atraganto al llorar noto como sube lo amargo del vomito y lo retengo para no volver a abrazar al fantasma bulimico que quiere llevarme al otro lado con él.

me duele la espalda de curvarme en la cama entre el placer de mis dedos. de levantar demasiado el trasero al no poderme contener.

cuando me escuece la nariz se que ha sido una noche larga, y cuando me lloran los ojos se que acaba de empezar.

los ciervos me esperan en la esplanada de mi pueblo y me miran con curiosidad estropear su camino. se asustan si me muevo muy rapido por si saco un arma.

la luna me observa por las noches dar las ultimas caladas y bajar la vista antes de cerrar la ventana.

me gusta abrir la mosquitera y dejar que corra el aire por mi cuerpo desnudo, acariciar con cuidado mis pezones y hacer círculos alrededor del ombligo. a veces toco donde pega el aire, simulando una caricia que no tengo.

me imagino unos labios abrazando mi entrepierna, y un dedo apretando mi columna. y suspiro muy lento dejando que el sonido llene las cuatro paredes que me encierran.

afilo mis cuchillos y los imagino en mi pecho. los guardo con cuidado para no cortarme por error.

soy mia aunque siempre me hicieron pensar que era de alguien, y es el espejo el que siempre intenta darme la razón.

cierro los ojos y no veo a nadie. quizás mi cerebro quiere hacerme sentir que esta noche solo estoy yo.

mi vida me pesa, y la luz me ciega.
y al final todo lo que tengo es
un cigarro
un ronquido de mi padre
y de fondo los acordes de una triste -pero bonita- canción.

amor, dolor y muerte.

Se hunde en tu garganta la bala que he lanzado desde mi pistola, justo en el punto donde quería. Quise buscar el corazón cuando planeé tu muerte, pero con el tiempo me di cuenta que ni siquiera lo tenías. 
No te quise matar por ser veloz, 
audaz, 
estúpido,

benevolente, te quise matar por ser simplemente, un humano. 

Por volar en avión sin llevar equipaje, por violar la atención de mis pesadillas, por correr por la calle huyendo de la policía, por robar para pagar el alquiler, por enseñarme las nubes aunque todo estuviera despejado, por enseñarme a odiar.


Nunca fuimos uno por que era demasiado. Rescatábamos los recuerdos que un día lanzamos al mar y ya eran náufragos, llamamos a esos días con nombres de filósofos que se habían suicidado y miramos las olas sabiendo que nunca seríamos el ave salvaje que se lanzaba al mar a pescar, en este caso, nuestras vivencias. 


Tenía que matarte, imaginé mil veces el cuchillo traspasando tu piel, todo llenándose de sangre, 

chorreando, 
el suelo brilla, 
te reflejas, 
huele a hierro, 
a mar salado, 
a gasolina, 
a hierbas muertas calcinadas, 
huele como a tiempo, 
distancia, 
carretera recién asfaltada, 
con esa sensación al principio de que algo cuesta, no entra a la primera, tienes que esperar, es como que la piel se resiste, lucha por contener el refugio del metal, 
el dolor, 
la tragedia. 

Te hablo de un segundo y lo sabes, por qué tu también has rajado. 


Clavar un cuchillo con miedo es parecido a cuando te dan por el culo, cuesta mucho al principio pero de repente te gusta, 

sientes como entra, 
-SUSPIRO, DOLOR, CONTRACCIÓN, GUSTO- 
como la sensación es cada vez más placentera y dolorosa, como se desliza, como notas que la polla casi forma parte de la parte baja de tu espalda. 
Y de repente gozas. Mezclas el miedo con el placer, la embestida con el arañazo, la sonrisa con la lágrima, la pasión con el asco, la verdad con la esperanza, el orgasmo con el olor del sudor en las sábanas que se mueven por abajo. 
Pero gozas, rozas el cielo, el limite entre el amor, la pasión, el odio y el recuerdo. El perdón.

Por eso pensé en rajarte, para disfrutar del momento tan bonito que podía ser pensar en darte por el culo como tú me habías dado desde que cruzamos por primera vez nuestras miradas. 


Pero al final te metí un tiro, 

por que a ti siempre te gusto meterte, 
y quería que la bala se colara en tu garganta como un día se colo mi nombre, 
y murieras rápido, 
como nuestra historia.

sábado, 19 de septiembre de 2015

el superpoder de olvidar.

cuando tenía once años en una redacción del colegio confesé que mi poder favorito sería poder olvidar. años después me arrepentí de haber dicho algo así por lo que podría suponer para mi. ¿quién sería ahora sin todos esos recuerdos que se agolpan en mi espalda? ¿sin mi mochila llena de mierda que se pelea con la pasión para vencerla y enterrarla? ¿estaría vacía de una forma diferente a la que me siento ahora? 

cuando corro a por el autobús me gusta la sensación de el aire en la cara. me gusta reírme viendo como la gente me observa preguntándose si llegaré a tiempo a por él. cuando hace frío me gusta abrir la ventana y quedarme desnuda sintiendo como se me congelan los huesos, para luego meterme dentro de la manta y sentir como el calor me abraza, es lo más parecido a un abrazo en invierno, a meterte en la cama y sentir como el cuerpo de alguien se acerca por detrás para abrazarme y me acaba calentando su aliento en la nuca, sus manos que se sienten perdidas al notarme desnuda quitándole el placer de poderme desvestir.

me gusta que las zapatillas nuevas me hagan heridas, y arrancarme las costras cuando por fin sanan, cada vez que siento como dos partes de mi piel se separan, ese dolor mezclado con placer, pienso en lo bonito que es combinar las dos cosas, cuando quitas la costra de nuevo aparece la herida, has querido quitar demasiado rápido algo que todavía no había cicatrizado. 

me gustan los labios cortados después de días de frío y aire intenso. cuando encuentro una persona que como yo no se pone miles de productos para curarlos, si no que disfruta quitando las pieles muertas que quedan en ellos y que puedes estirar con tus dedos o tus propios dientes. besar a alguien y que queden restos de tu piel en labios ajenos. quitárselos con los dedos y que no sienta asco. quién de verdad te quiere solo quiere arrancarte la piel, para ponérsela encima por las noches y saber el calor que puede proporcionar tenerte. 

me gusta ser sensible aunque eso me haga daño. pero a veces pienso que la única solución posible al dolor es no sentir nada. volver a tener once años y soñar con olvidar. olvidar todo. cada roce, cada grito, cada mirada, cada orgasmo, cada sueño que no he podido cumplir, cada esperanza depositada en alguien que terminó siendo decepcionante, cada lágrima por aquellos amigos que te juzgaron sin siquiera depositar un minuto de su tiempo para preguntar por qué hacías lo que hacías, cada corte que ha derramado más sangre de la normal, cada risa que ha terminado yéndose por la alcantarilla. cada vomito después de una noche que creías que había sido espectacular. 

olvidar a aquellas personas y pensar que sin dolor también puedes evolucionar. que no te mereces creer más palabras que te produzcan ansiedad. apoyarte en quiénes te aman sin preguntarte donde estás. 

y a partir de ahí crear tu propia esencia, tu propia libertad.

mi problema reside en que la realidad la forman los recuerdos del pasado, y el pasado mas cercano ha sido tan horrible que me cuesta que mi realidad sea distinta. me cuesta sentirme libre, me cuesta volar, cumplir lo que quiero sin limites, soñar con que todo puede volver a brillar. 

o ni siquiera todo...
solo yo... nadie más.