Se hunde en tu garganta la bala que he lanzado desde mi pistola, justo en el punto donde quería. Quise buscar el corazón cuando planeé tu muerte, pero con el tiempo me di cuenta que ni siquiera lo tenías.
No te quise matar por ser veloz,
audaz,
estúpido,
o
benevolente, te quise matar por ser simplemente, un humano.
Por volar en avión sin llevar equipaje, por violar la atención de mis pesadillas, por correr por la calle huyendo de la policía, por robar para pagar el alquiler, por enseñarme las nubes aunque todo estuviera despejado, por enseñarme a odiar.
Nunca fuimos uno por que era demasiado. Rescatábamos los recuerdos que un día lanzamos al mar y ya eran náufragos, llamamos a esos días con nombres de filósofos que se habían suicidado y miramos las olas sabiendo que nunca seríamos el ave salvaje que se lanzaba al mar a pescar, en este caso, nuestras vivencias.
Tenía que matarte, imaginé mil veces el cuchillo traspasando tu piel, todo llenándose de sangre,
chorreando,
el suelo brilla,
te reflejas,
huele a hierro,
a mar salado,
a gasolina,
a hierbas muertas calcinadas,
huele como a tiempo,
distancia,
carretera recién asfaltada,
con esa sensación al principio de que algo cuesta, no entra a la primera, tienes que esperar, es como que la piel se resiste, lucha por contener el refugio del metal,
el dolor,
la tragedia.
Te hablo de un segundo y lo sabes, por qué tu también has rajado.
Clavar un cuchillo con miedo es parecido a cuando te dan por el culo, cuesta mucho al principio pero de repente te gusta,
sientes como entra,
-SUSPIRO, DOLOR, CONTRACCIÓN, GUSTO-
como la sensación es cada vez más placentera y dolorosa, como se desliza, como notas que la polla casi forma parte de la parte baja de tu espalda.
Y de repente gozas. Mezclas el miedo con el placer, la embestida con el arañazo, la sonrisa con la lágrima, la pasión con el asco, la verdad con la esperanza, el orgasmo con el olor del sudor en las sábanas que se mueven por abajo.
Pero gozas, rozas el cielo, el limite entre el amor, la pasión, el odio y el recuerdo. El perdón.
Por eso pensé en rajarte, para disfrutar del momento tan bonito que podía ser pensar en darte por el culo como tú me habías dado desde que cruzamos por primera vez nuestras miradas.
Pero al final te metí un tiro,
por que a ti siempre te gusto meterte,
y quería que la bala se colara en tu garganta como un día se colo mi nombre,
y murieras rápido,
como nuestra historia.
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