sábado, 23 de enero de 2016

ahora que todo el mundo duerme.

ahora que todo el mundo duerme se escuchan pasos en calle y el repiqueteo de una farola en la que falla luz.
encerrada bajo mi manta de flores oscuras cierro los ojos y aprieto con fuerza para intentar dormir, de un momento a otro, y escapar así de mi cuerpo y centrarme únicamente en mi mente.
me imagino si la vida fuera así, si solo fuera un ente que camina sin miedo a mirarse en un espejo claro que refleja algo muy oscuro.
dónde y quién seré, dónde llegaré, aprieta el gatillo al reflejo, di adiós para siempre, y entonces ¡pum! solo queda mi alma, viajando por el aire, por el tiempo, por un cielo lleno de matices y soledad.
muchas veces imagino lo bello que debe sentirse ser una nube en una noche oscura, ¿qué se debe sentir ahí arriba? escuchando las ráfagas del aire, el suspiro de algún planeta, la caricia de la luna y la ansiedad del sol por qué llegue su momento de mostrarse.

ya no me imagino sola por qué sola es como me encuentro, no pienso en compañías especiales más que la del miedo, que se topa con la ilusión para mermarla y abrazarla en ocasiones, maltratando su dulzura y pasión, para que no se sobrepase.

no soy un lince, tan siquiera un gato, soy un animal sin nombre, que se esconde en los más fríos montes para escapar así de la sombra de algún edificio que quiere taparle el camino sin piedad.

he olvidado tantas cosas, cómo se siente una caricia en la espalda antes de dormir, como huele el pelo cuando te despiertas y tienes la cara clavada en la nuca de un ajeno, como saben las uñas cuando las muerdes esperando en un andén, como sabe un beso después de un trago de algún refresco que se define a si mismo como tropical, lo he olvidado todo, y si intento recordarlo, se abre dentro de mi, como a desgarros, una espiral de dolor que me deja sin respiración y con unas intensas ganas de vomitar.

¿y si el vómito se me atragantara? ¿y si nunca más pudiera volver a respirar?

a veces cuando salgo de mi puedo notar la tierra mojada bajo mis pies, como cuanto mas corro más lejos está mi destino, un destino que ni siquiera sé cual es.

me imagino en tres mil lugares al mismo tiempo por qué no sabría decir ni uno solo en el que quisiera quedarme para siempre. no sea que las raíces me atrapen y crezca un árbol en mi interior que nunca pueda volver a podar y al final solo quede un tronco con hojas marchitas que gritan clemencia con desesperación.

soy un foco de traumas que la gente derrama sobre mi sin miedo a contagiarmelos, piensan que jamás me afectaran, y de repente, meses después de separarme del individuo que portaba el trauma en sí, me siento contagiada, sin cuarentena posible, siendo obligada a superar un problema que ni siquiera era mio y de repente se ha vuelto algo íntimo para mi.

si quieres gritarme, hazlo, pero no alces la voz demasiado cerca de mi oído. si quieres que te escuche llorar deja que te acerque el pañuelo, pero no me lo devuelvas, tiralo a la papelera, haz un cisne bonito y dejalo nadar en tus adentros, pero no me conviertas a mi en él, quiero seguir siendo un patito feo del que nadie tenga miedo.

ahora que todo el mundo duerme solo tengo la sensación de que el pasado me atrapa, y ya nada ni nadie puede salvarme, y quizás mañana sea otro día, o dentro de siete será otra semana, quizás llegue tan alto como dice la gente, quizás me quede anclada en el lodo para siempre, no sé que esperan de mi por que yo de mi no espero nada.

no es un escrito triste, si no desesperado, un grito de ayuda que ni siquiera yo sé donde lo lanzo, un ábreme en canal y enseñame que no estoy muerta, que sigo sintiendo algo mas que temor a reconocerlo.

reconozco el miedo,
reconozco el asco,
reconozco el odio,
reconozco el dolor,
no reconozco el amor,
ni la calma,
pero si la cama,
y me atrapa...
corta las cuerdas que no me dejan salir de aquí.

seas quien seas,
sé quien quieras ser,
y demúestrame,
por favor,
que yo también puedo ser mia.


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