Noche de diciembre .
Cerveza fría. Pensamientos cálidos.
10 grados por fuera, -5 por dentro. Escuchando canciones de amor que me estresan. Que se me meten dentro, pero no me regalan gemidos, si no falsas promesas.
Ducha fría. Agua caliente. Me desnudo. Con cuidado. Como nunca me han desnudado.
Con la paciencia de un sordo que desliza sus dedos con cuidado, aprovechando la vista para ver si así puede oírme suspirar. Aunque sea un instante. Aunque sea una vida.
Con la paciencia de un ciego que llora por que no puede verte, escuchando el roce de sus dedos con la ropa, escuchando como choca contra el suelo.
Con la paciencia de un sordo que desliza sus dedos con cuidado, aprovechando la vista para ver si así puede oírme suspirar. Aunque sea un instante. Aunque sea una vida.
Con la paciencia de un ciego que llora por que no puede verte, escuchando el roce de sus dedos con la ropa, escuchando como choca contra el suelo.
El suelo de la ducha está frío. Mis pies están helados. Pero mi alma está caliente. La vida está menguando, pero la luna me sonríe, llena. Como reprochándome.
Abro el agua. Y la dejo caer directamente sobre mi cabeza. Lanzo un gemido.
Un gemido de sorpresa, de placer ante el cambio de temperatura, suelto un gemido de miedo,
de desesperación,
de incoherencia.
De rabia.
Pienso en la lluvía. En lloverme.
En como cada toque de agua se mezcla entre mis labios, cayendo muy poca de ella por mi garganta, para hacerme notar la sensación, pero luego quitármela.
Acaricio el aire con los dedos.
Pensando en compañía, pensando en lo que no tengo.
Elijo un gel de limón. Los limones son dulces y amargos. Yo soy dulce y amarga.
De las que te regalan un beso para luego arañarte por la espalda.
Me rozo, me acaricio, de nuevo pienso en el ciego, que no puede mirarme, solo imaginarme.
De repente pienso en el sordo, que puede mirarme, pero no podría escuchar el sonido de sus manos acariciándome.
El ciego penetrándome con sus manos y el sordo con sus ojos.
Me apoyo en la pared.
Está fría.
Hoy es una noche de contrastes.
Hoy es una noche de eses.
Sudor,
soledad,
sentimientos,
sensaciones,
sonidos,
sordos,
sexo.
Hoy es una noche de amor abandonado, inquieto por que quiere dejarse adoptar.
Me siento llorar.
Despacio, como queriendo disfrutar del momento, para que no se acabe, para que no me lo quiten. Sabor indescriptible del agua salada por mi llanto.
Noto mis lágrimas casi llegando a mis pezones, uno de los pocos lugares que esta noche no están tristes.
Salgo.
Me seco. Noto la textura. Me encantan las texturas. La sensación de una textura agria,
dura,
que raspa,
rozándose por mi piel.
Joder, me encanta sentir.
Me encanta vivir.
Que no se me olvide nunca, me digo.
Toco la cama,
ya se me ha olvidado.
Es temprano. Soy nocturna. Me llega a los ojos, como saludándome, como abrazándome.
Por favor,
abrázame,
esta noche lo necesito.
Siento mis ojos cerrarse, siento el pelo mojado.
La almohada humeante.
Siento los sueños llegando.
Por fin pequeños, no sabéis cuanto os he añorado.
Me despido del insomnio, esta noche no me vale.
Me bajo del mundo, que hoy se me quedo pequeño, y me dejo llevar.
Por mundos de tinieblas,
por mundos de lujuria,
por mundos de esperanza
y por mundos de mierda.
Desgárrame el alma.
Pero arréglamela luego.
Regálame madrugadas y por las noches régalame sueños.
Me relajo por fin.
Parece que hoy hago tarde.
Lo dicen las voces de la calle.
Autobuses que pasan para arroparme.
Autobuses que pasan para arroparme.
Me duermo tranquila,
como me dormía mi padre.
Necesito un vientre,
quiero volver a mi madre.
quiero volver a mi madre.
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