lunes, 31 de agosto de 2015

la llegada del invierno

hace mucho tiempo que el frío entra congelando todo por mi ventana, que en agosto se calienta de una forma que parece que explotará de un momento a otro. pero yo me siento helada, como si mis articulaciones se postraran bajo las sábanas sin saber muy bien como moverse, como si hubieran olvidado como caminar, o más bien hubieran preferido evitarlo, como cuando intentas evitar la cáscara de la sandia que notas ese sabor amargo contrastado con el dulzón de ese fruto rojo que ha sido dejado de lado y nadie considera de la pasión.

cuando me congelo me abrazo, como con miedo a perderme como perdí a tantos, me descubro rezando a veces sin darme cuenta, y eso que ya hace años que deje de creer en todo para pasar a creer en nada, en la nada de lo que un día fuimos cada uno de nosotros, que nos contempla y nos habla desde las nubes grises que hoy se ciñen sobre la ciudad, parece que el 31 de agosto se ríe de nosotros dejándonos la lluvia, nos deja ver que llega el invierno -por fin- y que no podemos deshacernos de él aunque queramos.

llegan las temporadas de atardeceres tempranos, de olor a leche y café caliente por toda la cocina, de secarse las botas antes de entrar en casa, de pies congelados que se estremecen ante una tela cálida, de caricias que parecen más hermosas simplemente por qué el invierno las hace mas necesarias, cuando el sudor de una noche de sexo se convierte en sudor frío con ese pequeño hilo de aire fresco que se cuela en los pulmones y hace que te duela respirar confundiendo la helada con la ansiedad.

llega el invierno y tú y yo nos hemos ido, y todavía nos recuerdo corriendo a resguardarnos, hablando de cuadernos mojados por la lluvia, como las luces de las calles se reflejaban en la poca piel que mostraba nuestro cuerpo, ¿me sentiré sola este invierno? ¿o contemplaré como caen los copos sin miedo -o quizás con deseo- de que me inunden?

el invierno es tan bonito por qué nos pone tristes, y la tristeza saca de nosotros lo mejor que tenemos que al mismo tiempo es lo más doloroso, pero si el dolor no es bonito, ¿entonces qué es la belleza? ¿el reflejo de una cara perfecta por el maquillaje o el rastro de un rímel que se corre por nuestras pestañas?

yo quiero que este invierno duela, como todos, solo eso puede despertarme, solo eso puede hacerme sonreír.


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